Cifras oficiales. No entraré en el porqué de estos números y no los reales, que son unos cuantos más, entre otras cosas porque no creo que sea demasiado complicado de adivinar. Pero el caso es que terminó, por fin, el culebrón del verano.
Hablar de Real Madrid o de Florentino Pérez durante el periodo veraniego sólo es sinónimo de una larga negociación que termina siempre igual: con un pastizal encima de la mesa. Para bien o para mal, pero pastizal al fin y al cabo.
Pero el caso es que Florentino ya se puede colgar a una nueva medalla; ya tiene un nuevo 'crack' para su colección. Uno que, por supuesto, siempre soñaba con vestir la camiseta del Real Madrid (aunque en este caso parezca que de verdad era así). Sin embargo deja escapar a uno de esos jugadores que hacen magia con el balón, uno de esos por lo que, al estilo de Zidane (mejorando lo presente), merecía pagar la entrada para ver jugar. Se marcha Mesut Özil, aunque pocos en su sano juicio habrían rechazado una oferta así: 50 millones (45+5 en variables), una de las mayores ventas que ha realizado el club blanco.
A mi modo entender, quien falla en la operación es el propio jugador. No se puede decir que el germano se retira de la élite del fútbol mundial, pero se marcha a un club de segunda fila, a un equipo que es garantía de no ganar títulos. Bien lo saben los Henry, Cesc y compañía, que tuvieron que reclamar una salida para poder levantar un trofeo.
Pero en el mundo del fútbol, el dinero es poderoso y eso bien lo sabe el padre de Özil, a bien mánager del jugador. Cada vez que el astro alemán hacía tres buenos partidos, que los hacía, corría a los despachos de Concha Espina para reclamar un aumento de sueldo. Pero nadie lo veía aparecer por allí cuando el '10' desaparecía durante algunos encuentros, algo también habitual en él. Era un jugador irregular, al estilo Guti. Un maestro con el balón... cuando quería.

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