viernes, 23 de julio de 2010

Nos dieron copa por liebre

Tenía que haber gato encerrado. Tan bonito no podía ser. Y es que no hemos podido ver de cerca la Copa del Mundo. Bueno, verla la hemos visto, pero no la verdadera. Iker Casillas levantó en el Soccer City de Johannesburgo un trofeo que luego no llegó a España. Se quedó por el camino, permaneció en Sudáfrica y ya está de nuevo en la sede de la FIFA en Zúrich.

Todos creímos que la copa que estábamos viendo era la verdadera, pero no. Fue una réplica la que cogió el avión junto con los jugadores y regresó a España. Las calles de Madrid se inundaron de gente para ver a los campeones y al trofeo, pero no contaban con que no era real lo que veían. Eso sí, pese a enterarnos tiempo más tarde, nadie nos quitará el ánimo ni la alegría de considerarnos campeones del mundo.

Y como campeones merecemos ver la copa; la de verdad. Como campeones debemos tenerla en posesión durante nuestra vigencia. Sin embargo, la FIFA nos niega ese derecho. Y a nosotros igual que a tantos otros países que fueron campeones. Desde que se cambió la forma del trofeo, ningún país ha cruzado sus fronteras con la copa verdadera, algo que no tiene demasiado sentido. Ya quedaron atrás los tiempos en los que las medidas de seguridad no podían custodiar correctamente el trofeo; en los días que corren, ningún perro se lo encontrará en el jardín de su casa, ni será vendido en el mercado negro. Ya han cambiado mucho las cosas y los campeones merecen tener el trofeo durante cuatro años.

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