Una vez más, llegan los cuartos de final. La fase maldita para la selección española, que sólo logró pasarla en 1950. 60 años después, España quiere hacer historia y volver a jugar unas semifinales. Para ello, hay que ganar a Paraguay.
Parece un rival fácil, pero hay que tener mucho cuidado con las confianzas. La última vez que estuvimos en unos cuartos también éramos favoritos y caímos estrepitosamente con Corea del Sur, ayudada por un árbitro egipcio. Pero nos confiamos y luego pasó lo que pasó. En los penaltis nos volvimos a España con cabeza mirando al suelo.
Ahora no debe ocurrir lo mismo. España es muy superior al conjunto paraguayo, pero lo tiene que demostrar en el campo. Para ello, Del Bosque contará con el mismo once que ganó a Portugal. Finalmente, será Torres el que forme en la delantera junto con David Villa; y no será Llorente el que le acompañe, aunque lo mereciera en octavos de final.
Lo mejor de todo es que ya hemos aprendido la lección. Ayer podíamos ver cómo Ghana causaba muchísimos problemas a Uruguay, estando a punto de quedarse fuera. De hecho, lo mereció, pero el fútbol es injusto por naturaleza: muy bonito, pero injusto. Uruguay ya pagó su pena, un penalti, una expulsión y perder a su 9 para las semifinales. Y Ghana tuvo la opción de marcar ese gol en el minuto 121, pero lo mandó a las nubes. Tuvo las primeras semifinales africanas en sus botas, pero el balón no entró... y lo pagó en la tanda final.
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